Hay un pasillo que se ha cantado en mi familia desde que tengo uso de razón. El tan sólo haberlo escuchado en voces de mis tíos, puesto que jamás lo he escuchado de parte de otras personas, me hizo pensar siempre que era de autoría de algún tío abuelo. Hace poco nomás es que un tío me comentó que en realidad es una pasillo popular de autor desconocido (lo sigue siendo al menos para mí) originario de la sierra central. Sea como fuere, en internet no existe registro alguno ni de la letra ni de la música. Espero, en los próximos días, poder subir la versión cantada que poseo. Mientras, tan sólo puedo compartirles la versión escrita del pasillo que, quizás, otros también conozcan.
Mañana cuando ausente, amada mía, No me miren tus ojos; Y acaso tus pupilas nublen tristes lágrimas de dolor, recuérda enternecida que has dejado toda mi alma en pedazos, y dentro de mi pecho las crueles heridas de tu falso amor
Recuerda que te amé con gran ternura. Y que lejos de ti ya no podré vivir. Pero jamás olvides mi pasión, que yo sin tu cariño he de morir. Morena encantadora de mi amor no me martirices más.
Quisiera revivir el blog de a poco, de acuerdo a la disponibilidad de tiempo que tenga y tuviere. En honor a la verdad, no es que escribir una que otra idea me haya cansado, sino que no me he dado el tiempo suficiente para sentarme y hacerlo. Se acerca la fecha para mi transferencia a alguna universidad, y eso consume buena parte de mi tiempo. En todo caso, tiempo para la música siempre habrá. Pienso que una de las canciones más poderosas que he escuchado últimamente, no sólo por su letra sino también por la melodía acompañada de quienas y charango, es Quiero ser libre contigo del boliviano Jaime Junaro. Éste inclusive vivió un tiempo en el Ecuador y grabó un disco en nuestros andes. Para mí, una canción llena de energía, esperanza, y lucha. Sin llenar de detalles innecesarios, aquí está la letra y video de dicha canción.
No quiero sin tu mano caminar Por la vida sin razon Quiero tener un mundo de color Entre los cielos y el mar
Quiero sembrar en tu corazón una esperanza de amor No quiero ver mas llanto ni dolor Quiero que tengas calor
Quiero ser libre contigo Quiero a tu lado vivir Quiero ser libre contigo Quiero en tus brazos soñar
Quiero ser libre contigo Quiero a tu lado crecer Quiero ser libre contigo Quiero volver a creer
Este domingo 27, y consecuentemente lunes 28, es para mi familia y para mí una fecha muy importante y emotiva. Hacía diez años moría físicamente en Quito mi abuelito a los 86 años de edad. Yo apenas tenía once años, y no era consciente de lo que tener - perder a un abuelo significaba; sin embargo, recuerdo que estuve muy triste y no estuve con ánimo ni energía para levantarme e ir a la escuela aquel miércoles. Y por la puericia gobernante en aquella época he de decir que no era un niño demasiado educado ni respetuoso. Recuerdo, sí, que alguna vez -quizás influenciado por mi madre o tía- me acerqué a pedirle un perdón sincero por mis majaderías cuando ya era algo notorio un decaimiento en su agilidad. Con el pasar de los años, el crecimiento intelectual, físico, y emocional, me he reprochado constantemente el no haber aprovechado ni amado de mejor manera a quien lo hizo todo por mi familia y por mí. He anhelado constantemente poder tener una conversación con él ahora, reir por algún cacho, cantar algún pasillo o albazo, o simplemente volver a jugar ajedrez. Pero soy muy consciente de que esta historia no puede ser reescrita. Así, el motivo de esta entrada no es reprocharme más ni criticarme por mi accionar sino un sentido y corto homenaje que me gustaría enormente que mi abuelito tito leyera.
Desde que llegué a su casa, empecé a aprender el valor de las cosas, aunque no conscientemente del todo. Con dedicación aprendí a sumar y restar con la avanzada «computadora de maíz» que si mal no recuerdo fue la misma que usó mi madre cuando niña. Diré que sirvió puesto que aún sé sumar y restar, y puesto que aún la recuerdo. Luego me introdujo a los rompecabezas. Tengo claramente un rompecabezas de por ahí unas 30 piezas de un gatito con un estambre, cuyo rastro he perdido completamente. Tuve la suerte de armarlos a menudo y de armarlos bien; recuerdo también que los armaba mientras él conversaba de temas varios con su hermana, mi tía Lilita, nos visitaba en la casa. Otras veces, íbamos juntos los tres a un "Tía" cercano a nuestra casa de donde tengo la memoria de haber recibido ya de sus manos ya de mi tía Lilita un trompo de plástico con el que jugué incansablemente aquel día. Y así recuerdo que también me enseñó a lanzar el trompo y jugarlo como buen quiteño. Con el pasar del tiempo, quizás cuando tenía unos 9 ó 10 años finalmente empezó a permitirme ingresar al laboratorio químico que tenía en la parte trasera de la casa. Habían 2 entradas que precisaban, como es lógico, varias llaves para poder ingresar. Si lo hacíamos por la puerta cercana al huerto, había un segundo piso de madera con una gran soga colgante que llegaba hasta nosotros y que siempre me intrigó. El piso inferior estaba lleno de tanques que nunca abrimos. Podíamos continuar hacia el segundo salón donde estaban grandes mesas que antaño sirvieron para producir sus célebres «secativos» y «mentoles verdes y blancos». Aduzco que también ahí se producía el DDT. En todo caso, al pasar dicho salón se llegaba a un tercero que daba a las gradas hacia un segundo piso. Si, por el contrario, íbamos hacia la segunda entrada, daríamos con un salón separado, más obscuro que los anteriores, en el que tenía decenas, si no centenas de botellas, frascos, y morteros. Frente a éste, la segunda entrada que nos dirigía directamente a las gradas hacia el segundo piso donde habríamos sido recibidos por un gran estante de libros. Ese era su lugar sagrado, aduzco. Tenía una fotografía de sí y cuatro amigos más haciendo algún experimento en la Universidad Central de, quizás, la década de 1930. También había una balanza que estaba cubierta y otra que podía ver, aunque algo resquebrajada; ambas aún en manos de la familia. Ganas no me faltaron de tocar todo y de que me enseñara, pero él tenía otra idea. Me sentó desde entonces en un taburete y quitó un empolvado cobertor que cubría un Mecano, con el que empezamos a construir algunos objetos. Lo hicimos por mucho tiempo. En otras ocasiones asistíamos al salón de juegos donde estaba la mesa de pimpón y el piano vertical de candelabros y hermoso sonido. Jugábamos pimpón; me contó que lo aprendió en las «Minas de Macuchi», lugar donde había ganado alguna competencia e hizo varios amigos. Me enseñó a jugarlo, aunque honestamente jamás supe vencerlo. Luego de nuestros partidos, él se sentaba al piano y tocaba esa música incomprensible a la que atentamente escuchaba jugueteando con los candelabros. Así empezó mi amor por la música nacional. Poco o nada sabía de sus nombres, aunque he dado con la pista de un pasacalle que compartiré al fin de esta entrada. Muchas veces, luego del cansancio físico y mental, mi abuelito decidía jugar ajedrez conmigo. Por supuesto, sus intenciones jamás fueron elaborar una gran partida sino enseñarme a jugarlo, pero, en honor a la verdad, puedo decir que una sola vez supe vencerlo, aunque sin conseguir el mate definitivo. Había cometido un pequeño error y dejó su dama descubierta, a lo que respondí con comérmela y un posterior jaque. Me dijo que la jugada no se valía, que sin la dama ya no sería lo mismo, así que la partida se guardó en la caja. Para finalizar quiero comentar que la unidad familiar que él siempre supo inculcarnos se ha mantenido de tal forma que aún veo a mis primos, segundos, terceros y etc, y aún nos llevamos tan bien como cuando niños. Del mismo modo con mis tíos, todos, a quienes quiero como tíos hermanos. Y por supuesto, a todos los hermanos y hermanas tanto de él cuanto de mi abuelita a quienes sus hijos y nietos aún llamamos "papá" Carlitos, "mamá" Michita, "ñaño" Enrique, "ñaño" Jaime, y un gran etc. Ahora que la distancia me separa físicamente de ellos, no puedo anhelar más el fin de año donde nos reunimos cuantos podemos para celebrar un año más con música, una gymkana, un brindis, el llorón, y el calor familiar.
Hoy no puedo más que rememorarlo con los mejores momentos que pude compartir con él. Hoy también puedo agradecerle sinceramente por haberme ayudado a ser lo que hoy soy, y por todo el amor y afecto que me supo dar en los años que compartimos juntos. Me atrevo a decir que le habría encantado ver este video que inserto a continuación, intepretado por dos de sus hijos, y que comparto. A él le gustaba mucho este pasacalle y lo tocaba constantemente en aquel piano que aún conservamos, cuya letra mi madre supo recordar. Ayudado por la tecnología, subo para cantarlo hoy y cuando nos volvamos a ver.
Desde el corazón
Llora cantando, llora, llora mi corazón como las aves en los ramales lloran cantando amor. Si el amor es la vida, vida del corazón, déjame que te diga, vida de mi pasión, ¡Quien canta y llora, ciego te adora implorando tu amor! Dame tu amor, ingrata, te pide mi pasión, con la ternura de una plegaria, con mustia adoración.
Uno de los alimentos a los que se les podría llamar rápidos que más me han gustado de los Estados Unidos es eljerky. Consiste en dejar secar la carne a muy bajas temperaturas logrando que ésta se deshidrate y pueda comérsela aún sin refrigerar. Se la puede marinar en salsa picante, salar, o simplemente secar. Por la globalización, creo principal causante, esta comida rompió barreras y se comercializa alrededor del mundo y, un poco, en sudamérica. Su nombre en español también es jerky. Lo suelen vender en bolsas, enlatado, y un gran etc. ¡Lo que muchos ignoramos es que este jerky es en realidad nuestro ancestral charqui!. En el diccionario quichua de Luis Cordero ya consta la palabra con traducción al español de cecina¹. Este procedimiento se utilizó en los Andes sudamericanos prehistóricos y se sigue produciendo sobre todo en el Perú y en Bolivia. ¿Por qué no se produce a gran escala por los indígenas y mestizos ecuatorianos?. Es una gran pregunta que podría responder con un trabajo de campo que estoy proponiéndome hacer al respecto. Wikipedia dice que se hace y consume en el sur de la República, pero honestamente nunca lo pude ver cuando algun vez estuve por Loja o Cuenca. La gran ventaja del charqui es que, al ser secado, es un gran contenedor de proteína ya que las grasas y los hidratos habrían casi totalmente desaparecido en el proceso. Así, en una porción de 28 gramos de charqui picante que justo ahora estoy comiendo, 0.5 gr es grasa, 6 gr es carbonos, 5 gr son azúcares, y 11 gr es proteína pura. Así fue como alguna vez antaño descubrí que el jerky era en realidad charqui. Por otra parte, y cambiando de tema, la última vez que estuve en Quito mi tío cantó en una de las reuniones posteriores a los deportes una canción llamada «A mi palomita» La cantó para que escuche la parte en quichua y, probablemente, para que me la aprendiera. Le grabé y busqué la letra en el internet con resultado favorable. Voy a insertar la canción cantada por la agrupación Tiempo Nuevo y transcribiré el quechua boliviano original con su traducción al ecuatoriano para quienes no estamos habituados a algunas palabras de la canción. El escucha notará que la primera estrofa no es igual en el audio y en la transcripción. Transcribo una traducción con más sentido ya que en el audio se repite la segunda estrofa dos veces. Adicionalmente inserto otro video en donde Doña Marujita la canta con las estrofas aquí transcritas. El género musical de esta canción es huayño.
Charque tacasgueta, con su uchu llajuita (charqui golpeado con su llajua [salsa boliviana] de ají ) Locoto canquita con su quilquiñita (locoto [rocoto] retostado con su quirquiña (hierba para la llajua) Chai patitampitaj uj tutuma akjeta (y encima de todo eso una tutuma [pondo] de chicha) Que tal gustituta (¡que tal el gustito!)²
En la canción, como se hizo evidente, se menciona al charqui y más gustitos que el cantante se da. Así pude asociar un alimento con su real situación geográfica y su cultura, cosa que me pareció muy interesante.
Por otra parte, el título de esta entrada también habla del chuñu. Este alimento ha gozado de menor suerte en el extranjero, pero implica un proceso similar. Se trata de papas de pequeño tamaño sometidas igual a bajas temperaturas. En el diccionario quichua ya citado se lo traduce como almidón o fécula¹. Lo interesante de su preparación, en todo caso, es que tras su deshidratación se quita la cáscara de la papa pisoteándola, muy similar a los antiguos métodos europeos con el vino. El chuño jamás lo he probado, pero espero pedirles a mis conocidos bolivianos que me den preparando y que me hagan probar. Tampoco he visto nunca en el Ecuador el chuño. Si hubiese, de seguro está, al igual que el charqui, en el sur de la República. En todo caso, este alimento comparte esta entrada por su similar preparación, su antigüedad, y porque también hay una canción boliviana en la que se la menciona, la cual también adjuntaré. El género musical de ésta es el tobas.
El motivo de todo esto es sorprenderme. La cultura andina, ya aymara, ya quechua, ya panzalea, si bien pisoteada por un paternalismo europeo, persiste, y fuertemente, en el pueblo. ; en su música, en sus costumbres, y en su alimentación. Esta en uno, pues, mantenerlas o despreciarlas.
Notas:
¹ pg 26 y 32. Cordero, Luis. Diccionario quichua. Casa de la Cultura. Quito, Ecuador. 1955. ² www.charango.cl
Recuerdo que leí por primera vez este poema cuando estaba en sexto curso. El folleto de copias era, pues, «Prepoemas en postespañol». El recuerdo me es muy palpable: el salón, la clase, y los poemas, principalmente tres de éstos: En el principio era el verbo, su Good-bye Lola, y el no menos célebre Home Sweet Home, mereciendo los dos últimos otras entradas posteriores. Así conocí a Jorge Enrique Adoum. Pablo Valarezo lo ha hecho bambuco a la usanza esmeraldeña siendo interpretado en la voz de Margarita Laso. No hay todavía un video en youtube, que me habría encantado compartir. Pronto, eso sí, lo habrá, y así doy mi palabra para actualizar la entrada, y para lo que más fuere necesario en youtube. En todo caso, el texto en cuestión parece permitirnos imaginar el todo. Y no hay qué más decir puesto que cada uno interpretará el poema de acuerdo a su subjetividad. El poema se presta; y esa es la genialidad de Adoum.
En el principio era el verbo
te número te teléfono aburrido te direcciono (callo caso y escalero) y habitacionada ya te lámparo te suelo te vas te enfósforo te libro te disco te destoco te desvisto desoído te camo te almohado enciendo descobijo te pelo te cadero me cinturas nos trasvasamos labio a labio me embotello en tu adentro nos rehacemos te desformo me conformo miltuplicada tú yo mildividido
El tango, así como el pasillo, es exquisito. Sus melodías son eternas al igual que sus letras, mayoritariamente basadas en la poesía, que se profundizan en el alma. Y el tango al igual que el pasillo es nostálgico. Este blog es, pues, de alguna manera, una recopilación de poemas y canciones, muchas veces juntas, que han descrito determinadas situaciones. Pero sin llenarnos de palabrería, quisiera compartir un tango fantástico, por musicalidad y letra, para quienes, ahora o antes, hemos sentido estas palabras como propias.
Quiero emborrachar mi corazón para apagar un loco amor que más que amor es un sufrir... Y aquí vengo para eso, a borrar antiguos besos en los besos de otras bocas... Si su amor fue "flor de un día" ¿porqué causa es siempre mía esa cruel preocupación? Quiero por los dos mi copa alzar para olvidar mi obstinación y más la vuelvo a recordar.
Nostalgias de escuchar su risa loca y sentir junto a mi boca como un fuego su respiración. Angustia de sentirme abandonado y pensar que otro a su lado pronto... pronto le hablará de amor... ¡Hermano! Yo no quiero rebajarme, ni pedirle, ni llorarle, ni decirle que no puedo más vivir... Desde mi triste soledad veré caer las rosas muertas de mi juventud.
Gime, bandoneón, tu tango gris, quizá a ti te hiera igual algún amor sentimental... Llora mi alma de fantoche sola y triste en esta noche, noche negra y sin estrellas... Si las copas traen consuelo aquí estoy con mi desvelo para ahogarlos de una vez... Quiero emborrachar mi corazón para después poder brindar "por los fracasos del amor"...
Soñé a un viejo marinero vendiendo quimeras Soñé que trazaba la ruta de un ave viajera Soñé en leyendas de oro en imperios lejanos Sentí que mi raza indomable no se sometía
Soñé en La Pinta, La Niña, y La Santa Maria Soñé a un puñado de hombres surcando los mares Soñé que Colón, acosado, tierra prometía Sintiendo su vida en un hilo con fe les decía:
Es redonda la ilusión Es redondo el ancho mar Otra tierra gigantesca hay mas allá Tiene forma de mujer Tiene senos de volcán Yo lo juro, pronto vamos a llegar
Soñé que en el alma del indio había cadenas De tantos que fuimos, tan solo unos pocos quedamos Aun yo escucho a Colon convenciendo a la Reina Con la esfera del mundo en sus manos cantando este tema
«Sólo un terremoto venció a Fichamba»[2]
Luis Padilla Guevara[1]
Notas: [1]Letra y música de éste; sin embargo, reconocida internacionalmente tras haber sido cantada por Jesús Fichamba en el festival OTI de 1985. [2] Con esta frase expresó su indignación un diario ecuatoriano tras conocer que la actuación de Fichamba recibió el segundo lugar del concurso a pesar de que varios críticos reconocieron la actuación de Jesús Fichamba como la mejor.
Llanto de luna en la noche sin besos de mi decepción; sombra de pena, silencio de olvido que tiene mi hoy; llaga de amor que no puede sanar si me faltas tú; ebria canción de amargura que murmura el mar.
¿Cómo borrar esta larga tristeza que deja tu adiós? ¿Cómo poder olvidarte si dentro, muy dentro estás tú? ¿Cómo vivir así en esta soledad tan llena de ansiedad de ti?
Por qué empapé de lágrimas mi vida, cómo pudo tu amor volverme triste, por esta pobre entraña dolorida di si un amor, di si un amor, di si un amor como mi amor tuviste.
Si fuiste para mí fuente escondida, flor de ilusión de todo cuanto existe, si tu cariño fue toda mi vida, cómo pudo tu amor volverme triste.
Por la dulce quimera ya extinguida, por la ternura que a mi canto diste, por este corazón que no te olvida di si un amor, di si un amor, di si un amor como mi amor tuviste.
Pagaste mi pasión con cruel herida y hoy que de luto mi existencia viste aún te pregunto, mi ilusión querida, cómo pudo tu amor volverme triste.
Tras la expansión de la cultura popular estadounidense, el fox trot arribó a los territorios ecuatorianos, convirtiéndose de a poco en un favorito. El recientemente llegado ritmo fue asimilado y fusionado con el sanjuanito de procedencia local[1]. El fox incaico, entonces, se formó como un género mestizo ecuatoriano y, posteriormente, peruano[1]. El músico Julio Bueno Arévalo define al fox incaico como un "género musical canción. Su nombre proviene del fox trot, que significa “trote del zorro” y que es una especie de ragtime norteamericano, que data de la primera década de este siglo. Producto del influjo de las músicas extranjeras que se conjugaron con elementos musicales ecuatorianos desde la segunda década de este siglo"[2]. Entre los fox incaicos más destacados se encuentran Cuando el indio llora [*], Lamento del Misti[*], Manco Cápac[*], Collar de lágrimas, La canción de los andes, y La bocina. En esta ocasión, comparto con ustedes el fox incaico La canción de los andes musicalizada por Constantino Mendoza.
En las alturas de las montañas existe un pobre rancho. Una viejita todas las tardes llora y suspira ahí: triste es la vida así; quiero mejor morir.
Suenan las notas del fiel rondador en los labios del indio que brinda su amor a la dueña de su corazón.
Hijo de mi alma, de mi alma, hijo mío donde existes, no te veo, no te oigo, donde estás, contesta a tu viejita que te llama, y no respondes al cariño de tu madre ni a la voz del corazón.
Te marchaste una mañana presuroso y agitado, que volvías me dijiste, que volvías al partir, y no vuelves a tu casa, ni a tu casa ni a tu madre que te llama, que te extraña, que sin ti se muere ya.
Vuelve pronto mi adorado mi consuelo, mi esperanza, que te espera mi angustiado corazón.
Todas las tardes junto a la puerta suspira y llora así: hijo de mi alma, de donde existas vuelve prontito a mí. Mas una noche, tras lento paso, vino la aurora así, pálida y fría. Junto a la puerta, estaba muerta ahí.
Carlos Alemán
Notas: [*] Estas piezas son de origen peruano. [1] http://soymusicaecuador.blogspot.com/2010/04/musicos-en-andamio-pagina-web-de.html [2] http://musicaecuatoriana.julio-bueno.com/#post15
de la gente de color. Buenos Aires fue otra cosa con el barrio del tambor.
La Argentina esta en el suelo porque la historia negó; ocultó su sangre india y a los negros de carbon. Vergüenza le daba al blanco esas gentes de color; quiso ser fuerte y nueva y con la Europa se unió.
No fue una cosa mala, pero al color lo margino. Nunca hubo negros decían, Y que vergüenza, señor.
Guariló, guarilóGuariló, guariló
Los negros se avergonzaron de su propia condición, y el tambor abandonaron en busca de otra razón.
Los morenos se mezclaron y se olvidaron del color. Nada ya queda de antaño, ni siquiera el milongón.
Te daré con mi pasión las blancas perlas de la mar y las estrellas con el sol pondré yo cerca de tu altar.
Yo sufro y lloro por tu amor y para mí la vida es cruel, que ya no puedo más vivir sin tu cariño, sin tu amor
El dolor que me domina y el pesar que siento, solo con tu amor soñando viviré contento
No quiero ya sufrir así, te doy por siempre el corazón, en cambio de tu amor gentil, que deliro en mi dolor
Vamos, linda, te doy con toda el alma los cielos y la mar, los ensueños del amor; vamos, vamos hasta el confín del mundo, bajo este cielo azul, en aras del amor
Cada vez más, me doy cuenta del cómo mi niñez y adolescencia estuvo marcada por la unión familiar y la música. Y de hecho, esta etapa que no la sé conjugar aún todavía lo está. Siempre hubo reuniones familiares, en mi familia materna, a gran escala y al menos una vez al mes sonaban varias piezas en manos de los más íntimos. Esta es historia vieja; creo haber dicho ya que tocan pasillos, boleros, música folclórica, etc, pero cada canción tiene su historia propia y diferente. Todas y cada una de estas canciones para mí son mis memorias, son mis imágenes de anhelos, tristeza, alegría, y nostalgia; crecí sin darme cuenta con un repertorio florido de música mestiza hispanoamericana sin barreras ni fronteras. Para que no me olvides, reconocible por haber sido cantada y tocada usualmente a dos guitarras en mi familia, es una popular chilena. Poesía tomada del poeta Óscar Castro Zúñiga, y cuyo nombre original es Oración para que no me olvides, y música de Ariel Arancibia.
Seguramente incorporada al repertorio en las noches de serenatas, llegó a mi generación en las reuniones de los tíos. Más significativa me fue cuando repentinamente empezó también a ser cantada por mi prima. Con algo de sorpresa mía y envidia de impotencia, la cantaban ella y mi tío. Seré sincero, sentía que a veces quedaba fuera del foco al no cantar con ellos, pero la culpa recae en mi, sin lugar a dudas. En todo caso, el tarareo del estribillo de mi prima siempre me hacía meditar acerca de esta canción: su letra y melodía. Más de ésta última, en verdad. La versión completa la escuché cuando fue también recitada por un miembro de mi familia que no conocía. Entonces la comprendí como un poema y me di cuenta de que es una de las columnas que aún recae en mí.
Oración para que no me olvides
Yo me pondré a vivir en cada rosa y en cada lirio que tus ojos miren y en todo trino cantaré tu nombre para que no me olvides.
Si contemplas llorando las estrellas y se te llena el alma de imposibles, es que mi soledad viene a besarte para que no me olvides.
Yo pintaré de rosa el horizonte y pintaré de azul los alelíes y doraré de luna tus cabellos para que no me olvides.
Si dormida caminas dulcemente por un mundo de diáfanos jardines, piensa en mi corazón que por ti sueña, para que no me olvides.
Y su una tarde, en un altar lejano, de otra mano cogida, te bendicen, cuando te pongan el anillo de oro, mi alma será invisible en los ojos de Cristo moribundo ¡para que no me olvides!.
Las reuniones familiares siempre son sorprendentes. Y es que bueno, no es para menos cuando un tío regresa a los veintitantos años de los Llanos con todo y guambras, conchale vale. Fueron, todos ellos, el pretexto perfecto para unir a la magna familia en un solo cántico, equipo de fútbol, y recuerdo nostálgico. Entre una de las tantas nuevas melodías, al menos para mí, me quedó marcada Pucha, ¡qué lindo es Ecuador! del músico bonaerense Carlos Portela. De inicio pensé que era trabajo de la época en la que los tíos daban serenatas, imitaban a Les Luthiers, o tenían un grupo propio, mas no fue así. Portela había dado giras por Ecuador, Colombia, y Perú y dejó entre su haber esta canción dedicada a nuestra tierra. Esta, al igual que tantas otras canciones del folclor mestizo latinoamericano, ya no se escuchan en la radio frecuentemente, sino en el recuerdo y reminiscencia de la familia y sus tiempos de bohemia, o bueno, al menos en la mía. Sin más, dejo el video que encontré con imágenes del Ecuador y la voz de Carlos Portela
Pucha, ¡qué lindo es Ecuador!, hermano Pucha, ¡qué lindo sentirlo así! Estoy seguro que cuando me vaya mi corazón ha de quedarse aquí Estoy seguro que cuando me vaya mi corazón ha de quedarse aquí
Pucha, ¡qué lindo es Ecuador, hermano! pucha, ¡qué lindo sentir tu amistad! El mar, la sierra, hermoso clima, y en cada esquina la libertad El mar, la sierra, hermoso clima, y en cada esquina la libertad.
Pucha, ¡qué lindo es Ecuador!, hermano Tierra caliente, cuna del amor Una muchacha me regala un beso y yo acambio de eso le doy una flor Una muchacha me regala un beso y yo acambio de eso le doy una flor
Pucha, ¡qué lindo es Ecuador, hermano Simón bolivar fue tu paladín Allá en Pichincha se batió un soldado y en Guayaquil ya se escucha el clarín.
Pucha, ¡qué lindo es Ecuador!, hermano Si usted lo quiere así recuérdelo Vaya a Miami, pero no se olvide que está su tierra aquí esperándolo Vaya a Miami, pero no se olvide que está su tierra aquí esperándolo
Pucha, ¡qué lindo es Ecuador!, hermano Pucha, ¡qué lindo sentirlo así! Estoy seguro que cuando me vaya mi corazón ha de quedarse aquí Estoy seguro que cuando me vaya mi corazón ha de quedarse aquí
Aprovechando las navidades, quería compartirles un bonito sanjuanito tradicional navideño. Creo que no es demasiado conocido -prueba de ello es que no haya ningún video ni audio referente- por lo cual la mejor forma de escucharlo es pidiendo a los abuelos que nos lo canten. ¡Feliz navidad!
Carlos Bonilla Chávez es uno de los más prolíferos compositores del Ecuador. Dentro de la música popular, los pasillos Sólo tú, Subyugante, Beatriz, y Cantares del alma son sus obras más conocidas. En todo caso, ha escrito un hermoso yumbo llamado Atahualpa, cuya letra está en español y en quichua. Lo encontré de la mano de mi madre quien, según me ha dicho, recuerda a mi abuelito tocándolo hacía ya mucho tiempo. El yumbo en sí es un ritmo preincaico escrito en 3/8 -el cual es un compás compuesto binario- que denota pesadumbre aunque sea más alegre o dinámico que el danzante. La letra estará ahí para que las conclusiones sean sacadas por ustedes mismos. En el primer video está la versión de Atahualpa con letra en Quichua interpretada por el grupo sol y luna, mientras que en el segundo video está la interpretación de Galo Terán en guitarra.
Sapa Inka, Atawallpa, ankalli runa Atawallpa, jatariy. Kan tinkuykiwan llallishka kan llakta munashka, chawpi watashka cadena chinkashka awka. Jatariy Atawallpa, runa rebelde Atawallpa!
Tarinkimari llallishka ñukanchik Inti runata, chawpi watashka cadenas chinkashka awka. Jatariy Atawallpa, runa rebelde Atawallpa!
Rey del sol Atahualpa, indio rebelde Atahualpa, despierta. Encontrarás vencida tu raza querida en medio de las cadenas de blancos rendida. ¡Despierta Atahualpa, indio rebelde Atahualpa!
Y llegará el día, el día, gran Atahualpa que rompiendo las cadenas tu raza reviva entonces ven, Atahualpa, a darnos la vida ¡Despierta Atahualpa, tu raza grita Atahualpa!
Actualización: El maestro Carlos Bonilla Chávez falleció el 10 de enero del año en curso en la ciudad de Quito dejándonos un amplísimo legado musical. Por otra parte, logré conseguir la versión de esta pieza con arreglos del propio compositor y ejecución de la Orquesta Sinfónica Nacional.