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Corazón que no olvida

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Por qué empapé de lágrimas mi vida,
cómo pudo tu amor volverme triste,
por esta pobre entraña dolorida
di si un amor, di si un amor,
di si un amor como mi amor tuviste.

Si fuiste para mí fuente escondida,
flor de ilusión de todo cuanto existe,
si tu cariño fue toda mi vida,
cómo pudo tu amor volverme triste.

Por la dulce quimera ya extinguida,
por la ternura que a mi canto diste,
por este corazón que no te olvida
di si un amor, di si un amor,
di si un amor como mi amor tuviste.

Pagaste mi pasión con cruel herida
y hoy que de luto mi existencia viste
aún te pregunto, mi ilusión querida,
cómo pudo tu amor volverme triste.

Segundo Cueva Celi

América novia mía

3
Morena América mía: litoral,
el viento peina tu pelo de cristal,
tu pecho de tierra oscura, mineral,
ondula en el canto de oro del trigal.

América novia mía: tómame,
entre tus brazos mulatos cíñeme,
en la boca tus dulzores viérteme,
y el pecho de resplandores lléname.

América novia mía: este cantar
despierta el canto del pueblo en voz de mar,
la libertad ha salido a navegar,
es hora de combatir y caminar.

Morena América mía: con pasión
la sangre cubrió de flores el cañón,
la hiedra del mal saltó a tu corazón,
la selva vuelve a latir en la canción.

Morena América mía: no hay dolor
al cual el hombre no aplaste triunfador.
Es duro el camino del libertador,
es largo el regreso del conquistador.

América novia mía: con afán
los dulces días antiguos volverán,
los rayos del alba un beso te darán,
las noches del forastero llegarán.


Yo me fui con tu nombre por la tierra

1
Nadie sabe en dónde queda mi país, lo buscan
entristeciéndose de miopía: no puede ser,
tan pequeño ¿y es tanta su desgarradura,
tanto su terremoto, tanta su tortura
militar, más trópico que el trópico?
Tampoco
lo sé yo, yo que lo amo a pesar de mis jueces
(la Corte se reúne en el café las tardes
y ni un testigo sino mi taza que pagaron
una vez). Y condenado a muerte en su dulce
calabozo, abro los ojos de vez en cuando,
lo veo igual y le pregunto: ¿Qué siglo
será hoy, dónde se esconde el corazón
para hacerme doler?
Si de la tierra
no te quedara amar sino el paisaje, si solamente
te faltara la espada agresiva de su luz.
Pero no es ese el caso. Sucede que no estoy
orgulloso de mi aldea, ni de su río, el único
que sigue siendo el mismo bañándote cien veces,
ni de la cometa que enarbolaba el polvo
en el mercado. No me dejan estarlo, no me han
dejado
nunca unos señores compatriotas, cincuenta
años en la misma esquina calculando
los mismos asuntos importantes -el mundo
solo va de tu bolsillo a su bragueta- y ven
pasar el tren y no lo toman, ven acercarse
el día pero se acuestan, ven la vida pasar
pero regresan y animal, voluntariosísimamente,
se amarran por el cuello al palo de la iglesia.
Debo estar orgulloso ¿de qué, si la ternura
solteronas de ambos sexos me robaron en la
infancia,
aprovechando que no estuve? ¿Y lo demás, cuando
indagan si es aún una colonia pobrecita,
con la cabeza a un lado, mientras le abren
la blusa democráticamente? ¿Qué puedo
contestar si ven la fecha de hoy y notan
que vive el encomendero todavía en su fósil,
si me miran llevando a un indio de la mano,
aterido de patrón y tiempo, intacto en la obediente
piedra, estatua para adentro, con que lo
llenaron?
Ah si fuera dable por un día
limpiar el amor de todo cuanto es cierto,
como cuando nos toca los párpados el delirio.
Porque a veces no es posible tolerar a la madre
con sus cosas.
Quisiera entonces que no encuentren
la lupa, que no miren de cerca lo difícil, eso
no nuestro, tan desprecio, tan asco. Pero insisten
y, como soy patriota, digo: "Sucede que los Incas".
En dónde queda, di, di qué le hicieron.

Jorge Enrique Adoum[1][2]
Notas
[1] Adoum, Jorge Enrique. El tiempo y las palabras. Quito, Ecuador.
[2] Hoy, 3 de julio, un año de la muerte del poeta.

Aniversario

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¡Hoy cumpliré veinte años: amargura sin nombre
de dejar de ser niño y empezar a ser hombre
de razonar con lógica y proceder según
los sanchos profesores del sentido común!

¡Me son duros mis años -y apenas si son veinte-;
ahora se envejece tan prematuramente,
se vive tan de prisa, pronto se va tan lejos,
que repentinamente nos encontramos viejos,
enfrente de las sombras, de espaldas a la aurora,
y solos con la esfinge siempre interrogadora!

¡Oh!, ¡madrugadas rosas olientes a campiñas
y a flor de virgen! -entonces estaba el alma niña-
Y el canto de la boca fluía de repente
y el reír sin motivo era cosa corriente.

Iba a la escuela por el más largo camino
tras dejar, soñoliento, la sábana de lino,
y la cama bien tibia, cuyo recuerdo halaga
sólo al pensarlo ahora; aquel San Luis Gonzaga
de pupilas azules y risa cabellera
que velaba los sueños desde la cabecera.

Aunque yendo despacio al fin de la callejuela
acaba, y estábamos al frente de la escuela
con el "Mantilla" bien oculto bajo el brazo;
y haciendo, en el umbral, mucho más lento el paso.
Y entonces era el ver la calle más bonita,
más de oro el sol y más fresca la mañanita.

Y después, en el aula, con qué mirada inquieta
se observaban las huellas rojas de la palmeta
sonriendo no sin cierto medroso escalofrío,
de la calva del dómine y su sueño sombrío…
Pero, ¿quién atendía a las explicaciones?…
¡Hay tanto que observar en los negros rincones!

Y, además es mejor contemplar los gorriones
en los hilos: seguir el áureo derrotero
de un rayito de sol o el girar bullanguero
de un insecto vestido de seda rubia o una
mosca de vellos de oro y alas color de luna.

¡El sol es el amigo más bueno de la infancia!
¡Nos miente tantas cosas bellas a la distancia!
¡Tiene un brillar tan lindo de onza nueva! ¡Reparte
tan bien su oro que nadie se queda sin su parte!
Y por él no atendíamos a las explicaciones;
ese brujo Aladino evocaba visiones
de las Mil y una Noches de las Mil Maravillas
y beodas de sueños, nuestras almas sencillas,
sin pensar, extendían las manos suplicantes
como quien busca a tientas puñados de diamantes.

¡Oh!, los líricos tiempos de la gorra y la blusa
y de la cabellera rebelde que rehúsa
la armonía de los peinados maternales,
cuando íbamos vestidos de ropa nueva a misa
dominical y pese a los serios rituales,
al ver al monaguillo soltábamos la risa!

¡Oh!, los juegos con novias de traje a las rodillas
los besos inocentes que se dan a hurtadillas
a la bebé amorosa de diez a doce años,
y los sedeños roces de sus rizos castaños
y las rimas primeras y las cartas primeras
que motivan insomnios y producen ojeras!

¡Adolescencia mía: te llevas tantas cosas
que dudo si ha de darme la juventud más rosas
y siento como nunca la tristeza sin nombre
de dejar de ser niño y empezar a ser hombre!…

¡Hoy no es la adolescencia mirada y risa franca,
sino el cansado gesto de precoz amargura
y está el alma que fuera una paloma blanca
triste de tantos sueños y de tanta lectura!


Tierra Central

0
Las Américas unen su cintura
entre los dos océanos nupciales,
del Atlántico mar cobran espumas,
del Pacífico estrellas torrenciales,
vienen las naves de los polos blancos
cargadas de petròleo y azahares:
las bodegas marinas absorbieron
nuestras secretas sangres minerales
que construyen las torres del planeta
en crueles y espinosas capitales.
Por eso allí se estableciò el imperio
del dòlar y sus tristes familiares:
los sangrientos caníbales caribes disfrazados de
heroicos generales:
un reino de ratones despiadados,
una herencia de escupos militares,
una caverna hedionda de mandones,
una acequia de barros tropicales,
una cadena oscura de tormentos,
un rosario de penas capitales
y el dòlar gobernando la impudicia
con una flota blanca por los mares, extrayendo el
aroma platanero,
el grano intenso de los cafetales, eternizando en
nuestra tierra pura
a los trujillos manchados de sangre. Pobre
América en sangre sumergida
a medio cuerpo en tantos cenagales, clavada en
una cruz y con espinas, maniatada y mordida por
los canes, despedazada por los invasores,
herida por torturas y desmanes,
arrasada por vientos fabulosos,
ventas sacrilegas, robos colosales.
Oh delgada cadena de dolores,
oh reuniòn del llanto de dos mares.



La canción de los andes

0
Tras la expansión de la cultura popular estadounidense, el fox trot arribó a los territorios ecuatorianos, convirtiéndose de a poco en un favorito. El recientemente llegado ritmo fue asimilado y fusionado con el sanjuanito de procedencia local[1]. El fox incaico, entonces, se formó como un género mestizo ecuatoriano y, posteriormente, peruano[1]. El músico Julio Bueno Arévalo define al fox incaico como un "género musical canción. Su nombre proviene del fox trot, que significa “trote del zorro” y que es una especie de ragtime norteamericano, que data de la primera década de este siglo. Producto del influjo de las músicas extranjeras que se conjugaron con elementos musicales ecuatorianos desde la segunda década de este siglo"[2]. Entre los fox incaicos más destacados se encuentran Cuando el indio llora [*], Lamento del Misti[*], Manco Cápac[*], Collar de lágrimas, La canción de los andes, y La bocina. En esta ocasión, comparto con ustedes el fox incaico La canción de los andes musicalizada por Constantino Mendoza.


En las alturas de las montañas
existe un pobre rancho.
Una viejita todas las tardes
llora y suspira ahí:
triste es la vida así;
quiero mejor morir.

Suenan las notas del fiel rondador
en los labios del indio
que brinda su amor
a la dueña de su corazón.

Hijo de mi alma, de mi alma, hijo mío
donde existes, no te veo,
no te oigo, donde estás,
contesta a tu viejita
que te llama, y no respondes
al cariño de tu madre
ni a la voz del corazón.

Te marchaste una mañana
presuroso y agitado,
que volvías me dijiste,
que volvías al partir,
y no vuelves a tu casa,
ni a tu casa ni a tu madre
que te llama, que te extraña,
que sin ti se muere ya.

Vuelve pronto mi adorado
mi consuelo, mi esperanza,
que te espera mi angustiado corazón.

Todas las tardes junto a la puerta
suspira y llora así:
hijo de mi alma, de donde existas
vuelve prontito a mí.
Mas una noche, tras lento paso,
vino la aurora así,
pálida y fría. Junto a la puerta,
estaba muerta ahí.

Carlos Alemán



Notas:
[*] Estas piezas son de origen peruano.
[1] http://soymusicaecuador.blogspot.com/2010/04/musicos-en-andamio-pagina-web-de.html
[2] http://musicaecuatoriana.julio-bueno.com/#post15


El telar del sol

1

¿Qué hago con esta sangre de dos sangres?
¿Qué hago con el silicio que me habita?
¿Qué hago con estos pómulos de huarpe
y esta barba telar encanecida?
¿Y qué con mi memoria irreverente
que no quiere olvidar y que no olvida?
¿Y este idioma curtido a la intemperie
sobre el idioma muerto de mi raza?,
¿Con esta antigüedad de antigua piedra
y la genealogía de mis padres?
¿Qué hago con este polvo enamorado
de mi palabra nueva en tu palabra?
(...)
Mis hembras han tejido en su paciencia,
telar continental, todas las sangres.

Armando Tejada Gómez. El telar del sol, 1992.